Elizabeth Jane Cochran , mejor conocida como Nelly Bly, nació en Estados Unidos el 5 de mayo de 1864. Su padre murió cuando ella era muy pequeña y desde entonces ayudó a su madre a mantener a sus 14 hermanos. En una ocasión, tras leer un artículo en el periódico Pittsburgh Dispatch titulado “Para qué son buenas las mujeres”, quedó tan enojada que decidió escribir una carta al redactor quejándose. Este ultimo quedó tan impresionado con la respuesta de Nelly que la invitó a escribir un artículo en su periódico.
Tras impresionarse aún más con ese artículo, el redactor le ofreció un trabajo de tiempo completo en el periódico, ella aceptó encantada. La temática de sus artículos giraba en torno a la situación de las mujeres y sus derechos, debido a esto recibió muchas críticas y decidió dejar el Pittsburgh Dispatch para mudarse a Nueva York. Cuatro meses después de mudarse se quedó sin dinero pero con destreza logró entrar a la redacción del New York World siendo uno de sus primeros encargos el introducirse en un sospechoso hospital psiquiátrico.
No existía persona que luego de haber sido internada en el lugar hubiera podido salir, por lo tanto era imposible saber las condiciones reales dentro del centro. Los antiguos empleados murmuraban sobre las malas condiciones de este pero ninguno estaba dispuesto a testificar. Tras la promesa de ser liberada luego de diez días se internó en el hospital, sabía que no le agradaría lo que vería pero lo que vivió fue aún peor de lo imaginado. Dentro estaba abarrotado, vivían el doble de pacientes de los que permitía la capacidad del hospital; incluso los pasillos estaban llenos de enfermos. La comida era horrible: pan, sopa acuosa y frutas en mal estado. Además estaba infectado de ratas.
Muchos de los internos ni siquiera estaban realmente enfermos, sino que eran pobres o no entendían el idioma. Los pacientes eran maltratados constantemente, los golpeaban, colgaban del techo o se les obligaba a ducharse con agua helada. Y los pacientes que de verdad lo necesitaban no recibían el tratamiento adecuado. Ningún médico creía cuando los pacientes informaban de los maltratos, por el contrario, eran sancionados con castigos peores. Luego de trascurridos los diez días, y según lo acordado y prometido, un abogado se personó en el hospital pidiendo la liberación de Elizabeth. El artículo escrito luego de esta expeeiencia fue titulado “Diez días en una casa de locos”; fue tal su repercusión que los responsables de los crueles maltratos fueron arrestados y la situación de los pacientes mejoró de forma significativa.
Ella continuó escribiendo artículos y su fama logró que se publicaran por todo el mundo. Trató temas como la pobreza, la política y cuestiones en las que las mujeres jamás habían tenido voz anteriormente. Tuvo la alegría de ver como las mujeres por fin ejercían el derecho al voto durante dos años hasta que, a la edad de 57 años, murió de un derrame en 1922 convertida en fuente de inspiración para hombres y mujeres desde entonces por su increíble labor.

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